LA HISTORIA DE CHILOÉ DESDE ADENTRO
 
Entrevista a Juan Villegas Morales, autor de Yo tenía un compañero.
 

Juan Villegas Morales, chileno, profesor e investigador de la Universidad de California, Irvine, desde hace 40 años, vuelve a Chile cada año. Este año, junto con disfrutar el teatro en enero, nos trajo su libro Yo tenía un compañero.

Este investigador ha estudiado la poesía chilena, la poesía de la mujer en Chile, el teatro latinoamericano y español, la cultura visual. Ha obtenido premios internacionales por su investigación sobre el teatro y las culturas de América Latina. Fue nombrado profesor honorario en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile. Para escribir su última novela, Yo tenía un compañero, recorrió la zona cordillerana de Chiloé continental en auto, a caballo, en bote y a pie para reconstruir escena y personajes de las zonas de Puelo y Cochamó de comienzos del siglo XX.

-¿Qué significa "compañero" en el título de tu última novela?

-En la novela la palabra "compañero" tiene varios niveles de significación. El título alude a la marcha que empieza así y que cantan los militares en diversas circunstancias, especialmente en la despedida de otro miembro del ejército. También puede referirse a Salvador Allende y los tiempos de la Unidad Popular. Para otros, puede ser la relación afectiva entre los personajes principales, el padre y el hijo. Depende de cómo se lea la novela.

-¿Es una novela autobiográfica?

-En realidad, no. Es una novela histórica. Aspira a representar todo un siglo de la historia de Chile incorporando la mirada de un suboficial de ejército, perspectiva ausente en la novela y literatura chilenas. Mi padre fue un suboficial de ejército, con un fuerte sentido de la función social del ejército y del servicio de sus compañeros.

Para escribirla hice mucha investigación. Traté de compenetrarme del paisaje del sur, de las zonas de Puelo y Cochamó de comienzos de siglo, donde empieza la historia del protagonista.

Hice viajes a caballo, en bote, caminando, por rutas casi abandonadas, estudié los archivos religiosos y civiles, revisé los diarios de comienzos de siglo, de los años veinte, acumulé fotografías y materiales gráficos de las distintas épocas. Volví a Chile tres o cuatro veces para estudiar los diarios después del ’73, busqué revistas antiguas, revistas militares, historias del Ejército, de las intervenciones militares, de las campañas militares en el norte en el período anterior a 1929. Hay mucha información histórica.

-Primero fuiste investigador y luego novelista, ¿por qué?

-Desde muy niño me gustaba mucho leer y escribir, creo que trataba de copiar al abuelo paterno que contaba historias y a un tío de Huar, que mi madre llamaba el brujo Alberto, quien era un magnífico contador de historias de brujos. Antes de viajar a Estados Unidos, pensaba que en la novela chilena hacía falta que las historias de Chiloé no fuesen consideradas como folclore, como mitos del "otro", sino apareciesen desde adentro, como cosa vivida. Sin embargo, me prometí no escribir ficción oficialmente hasta que llegase a un nivel muy alto en el plano académico. No esperé hasta el nivel más alto, y en 1983 terminé La visita del Presidente, publicada en México y reeditada en Chile el 2007. Luego vinieron Las seductoras de Orange County (Madrid, 1989 ), Oscura llama silenciada (Chile, 1993). Finalmente, Yo tenía un compañero (Santiago, 2009). Entre una y otra hay varios libros académicos sobre teoría del teatro, de la poesía, literatura española, literatura hispanoamericana, ediciones de libros, 48 números de la revista Gestos.

 
Fuente: Martín Huerta / La Nación