
Pablo Padilla (alguna vez conocido como Urbano Matus) escribe este texto en donde nos cuenta cómo se originó y desarrolló la idea de un libro sobre el rock.
En los inicios de esta locura (digamos que entre los años 2005 y 2006), mis amigos Daniel Calabrese y Eleonora Finkelstein (de RIL Editores), me perseguían con el tema de hacer algo con el rock. Con eso de “hacer algo” se referían, por supuesto a sentarse y escribir un libro en el que lo central fuese el rock. Claro que no había una idea clara, pero sí estaban las ganas de entrar a golpear.
Con Eleonora y Daniel somos amigos hace décadas, cuando ellos llegaron desde Argentina con la idea (quizás igual de difusa), de hacer una editorial dirigida por poetas y con la literatura como centro. Ese empeño se transformó en RIL, una de las editoriales nacionales más importantes. Pues bien, esa hambre de “hacer” es la que orientó este proyecto de El libro blanco del rock.
Si bien a mí me tocaría escribir buena parte del libro, tenía claro que el esfuerzo era como para conformar un equipo.
Por mi relación con Rockaxis, era lógico que me tocara ser el nexo entre la editorial y la revista. Muchas reuniones después, Cote Hurtado se unió a la conspiración, con lo cual la idea comenzó a tomar cuerpo. En esta parte, se nos unió María de los Ángeles Cerda para hacerse cargo de la edición de la obra, puliendo, orientando y encauzando el flujo de los verbos. En conjunto, nos abocamos a una tarea que asomaba desde ya complicada y que, con el tiempo fue creciendo y haciéndose más ardua.
¿En qué terminó ese difuso concepto que queríamos construir? Ni más ni menos que esto: hacer un libro que fuese una especie de gran listado de nuestras músicas imprescindibles. Dentro del rock y sin barreras de estilo o tendencia, se trataba de listar y explicar porqué los elegidos se nos han vuelto una adicción. Cuando digo “explicar”, no me refiero a hacer una reseña histórica o un resumen acabado del artista reseñado. Me refiero a “explicar” desde la más estricta subjetividad el peso que nosotros le asignamos a los elegidos.
Pero ¡ojo!, que no se trata de hacer musicología, ni historia o una enciclopedia del rock. La pretensión es dibujar un mapa y una carta de navegación para señalar como está hecha nuestra emocionalidad rockera. Revisar el catálogo de los discos en nuestra memoria y explicar en el papel porqué ocupan un lugar físico (y mental) en nuestras vidas. Suena sencillo, pero no es tan así.
Entre cafecitos, asados, pizzas, desvelos y unas cuantas cervezas, la lista de los seleccionados, nació, creció y se multiplicó. Lo que en un momento partió por noventa bandas y artistas, se agrandó y mutó en otro ser, hasta llegar a este hermoso volumen que presentamos. En él están contenidos casi cuatrocientos nombres, entre bandas, solistas y productores. Eso sin contar a todos los que son nombrados en los ensayos, en el prólogo y en el texto de cierre.
Un esfuerzo como este, de hacer una suerte de guía de audición, no se había hecho antes en Chile. Han sido años de trabajo, mucha vida ha pasado bajo los puentes, y estoy feliz de ver este proyecto saliendo hacia la luz. Para mí es una estación que se acaba, un fin de fiesta, una despedida del pasado y un gran y alegre saludo al futuro que se viene. De fondo, como siempre, suena nuestro amado rock and roll, con la intoxicación de su pulso tomando control de nuestras almas. El libro blanco del rock es una incitación a leer oyendo, a escuchar cada una de sus páginas. Es alma que vibra, es paisaje sonoro que no piensa entregarse a ningún silencio. Como siempre, ¡que sea rock!
- Pablo Padilla ha publicado también en RIL editores: Canarito, el Parra que faltaba y, junto a Daniel Muñoz, Cueca brava. La fiesta sin fin del roto chileno.

2. camila dice...
me parece bien que hagan libros asi, muchos miran el rock con miedo pero no se dan cuenta que es cultura, entretencion, etc
para mi la musica es mi compañera y mi mundo
26/07/2010 19:43:06