Nos encontramos con Carlos Smith, autor del libro Pedagogía de lo humano. La magia de la educación, libro que comenzó el año 1999 ante la iniciativa de crear un nuevo colegio, con una mirada innovadora, tanto en lo instructivo como en lo formativo, que diera respuesta real a las necesidades de los alumnos del siglo XXI.
Carlos nos cuenta que se vio enfrentado a una primera gran pregunta: ¿Para qué iban a educar? Y concluyó que había que hacerlo para lo que el ser humano nace.
¿Y para qué nace el ser humano?
C. Smith: Ante esta interrogante surgieron múltiples respuestas sin que me inclinara por ninguna de ellas, de tal modo que dejé que la intuición hablara sin barreras, y concluí, sesgadamente, que el ser humano nace para ser feliz. Inmediatamente comenzaron a danzar en mis reflexiones dos conceptos muy intensos. “La Felicidad Ficticia y la Felicidad Real”, motores fundamentales que impulsaron el desarrollo de este libro.
¿Qué es educar para la felicidad?
C Smith: Educar para la felicidad es una propuesta holística, de manera que nuestro proyecto educativo era necesario que lo fuera también. Propuse entonces una educación por el desarrollo personal, -comunicación humana, integridad, autonomía, autoestima, identidad…- con el fin de lograr la capacidad de construir contextos estables y acercar a nuestros alumnos a la tan huidiza felicidad. Gran parte de este aporte está basado en el origen de lo humano, en la relación, en el lenguaje, en la creatividad, en la comunicación inter e intrapersonal. A esta propuesta la llamé “Área de desarrollo personal”.
¿Cuál es, entonces, su propuesta académica?
C Smith: Es sabido que la mayor parte de los aprendizajes logrados en los trece o catorce años de jardín infantil y de colegio se olvidan, entonces ¿para qué estudiamos? o ¿para qué enseñamos? Planteé, entonces, una educación que apunte al logro de aprendizajes por parte de los alumnos, pero fundamentalmente una educación que desarrolle la inteligencia intelectual. Para la consecución de este fin, sugerí tres impulsos a través de los andamios del conocimiento humano: desarrollo del lenguaje, de la creatividad y de la capacidad de inferencia. A esta propuesta la llamé “Área de desarrollo Intelectual”.
¿Cómo entiendes el colegio de hoy?
C Smith: Entiendo el colegio de hoy como un espacio abierto al desarrollo personal, a la participación, a la comunicación, al conocimiento, a la imaginación, a la poesía, a la creatividad, al deporte, a sonoridades diversas, donde la curiosidad innovadora esté situada también en otros mundos posibles y cercanos. En consecuencia, esta propuesta se basa en el estudio de las capacidades humanas para formular diversas estrategias con el fin de expandirlas y convertir el acto educativo en un viaje hacia el crecimiento emocional e intelectual. La Pedagogía de lo Humano es una nueva orientación educativa que se relaciona con una multiplicidad de métodos y materiales, y sobre todo con la formación y actitud de quienes guían los aprendizajes. Desde esta perspectiva, los profesores cambian su metodología constantemente, pasando de lo interpersonal a lo social, de lo matemático a la lingüística, de lo musical a la plástica, para así poder transitar a través de todas las facultades humanas. Propongo, entonces, que los programas apunten a la formación y desarrollo de todas las potencialidades físicas, emocionales e intelectuales del estudiante, lo que corresponde a señalar que han de destinarse al perfeccionamiento de todas las competencias que poseemos.
¿Qué es la educación para usted?
C Smith: Si queremos aportar a la transformación de la existencia humana, necesitamos transformarnos a nosotros mismos y co-inspirar a otros para que trasformen su vidas. De esta manera, la educación es un proceso de formación permanente, personal, cultural y social. Y en lo específico, es desarrollar las inteligencias y las potencialidades personales, es adquirir conocimientos, es transformación, es expandir los niveles de conciencia, es depurar el alma y ordenar el mundo interior, es acrecentar la integridad, la identidad, la autonomía, la autoestima, para tener la habilidad incuestionable de poder colaborar en la construcción de un mundo participativo y solidario.
