martes, 09 de diciembre de 2008

Presentación de Álvaro Fischer Abeliuk al libro El efecto de la ambigüedad en la transición chilena, de Jorge González

Muy buenas tardes. Quisiera, en primer término, excusar mi inasistencia a este lanzamiento, a pesar de la honrosa invitación, hecha con debida anticipación por el autor para comentar su libro, debido a que coincide con la graduación de 4º medio de mi hija mayor. Es mi falta no haber advertido a tiempo la interferencia de ambos eventos, pero una vez constatado el hecho, y enfrentado al dilema de respetar mi compromiso con el libro o destinar ese tiempo a mi evento familiar, me vi impelido a escoger esto último. Hay buenas razones evolucionarias para que mi sistema emocional me haya hecho tomar esa decisión y espero que, independiente de ello, esa sea una razón atendible para Uds. Lo menciono, porque  la psicología evolucionaria forma parte de la convocatoria intelectual del libro que hoy se lanza, y una de sus gracias es que, en general, no entra en contradicción con nuestras intuiciones.

Por otra parte, quisiera agradecer a Leonidas Montes, quien ha accedido a leer los comentarios que he preparado, como parcial reparación a mi ausencia.

La temática del libro, básicamente de teoría política relativa al comportamiento de candidatos y votantes en elecciones de representantes populares, no es una que conozca ni siquiera de cerca en sus detalles, y por eso, me llamó la atención la invitación a efectuar comentarios sobre este libro. Sin embargo, el autor me indicó que le interesaba que pudiese comentar la aproximación evolucionaria que sus planteamientos invocan, dado mi interés y estudio de esa temática, la que además le confería, a su juicio, una novedad al trabajo que presentaba. Por ello, intentaré enfocar mis comentarios en esa dirección.

El propósito del libro, originalmente una tesis doctoral según entiendo, era explicar de una manera que calzara con la teoría de la distribución espacial de las preferencias de votantes y candidatos, vigente hasta el momento, el cambio de la preferencia de los votantes chilenos, entre Abril y Noviembre de 1989, frente a la elección presidencial de Diciembre de ese año. En efecto, entre Abril y Noviembre de ese año Aylwin logró subir la intención de voto en casi 10 puntos, de 47,73% a 56,42%, mientras que la suma de Errázuriz y Büchi bajó de un 52,27% a un 43,58%, impidiendo con ello una segunda vuelta, que, de haberse dado, podría haber sido indicativa de un resultado final incierto.

La tesis del autor consiste en afirmar que ello se debe al efecto de la ambigüedad que exhibió Aylwin respecto de ciertos temas, en particular, respecto de la posible mantención del sistema económico vigente, pero también respecto de su actitud frente a las sanciones a las violaciones de derechos humanos Eso modificó la percepción que los votantes tenían de él, puesto que al tomar posturas que para algunos parecían suficientemente moderadas y para otros apropiadamente diferentes del status quo, consiguió expandir su capacidad para obtener votos de centro, logrando, por esa misma vía, la modificación de la percepción que los votantes tenían de los otros dos candidatos, ubicándolos en una postura más a la derecha de la que previamente les habían asignado.  De esa manera, Aylwin consiguió ampliar la base de votantes que sentían que su postura era la más cercana a sus preferencias.

El punto crucial que el autor desea destacar, es que la ambigüedad se consigue mediante lo que en jerga de psicología evolucionaria se describe como mecanismos de “engaño” y “auto-engaño”. Estos dispositivos mentales corresponden a mecanismos funcionales adaptativos, que la mente humana retuvo en el proceso de selección natural ocurrido durante nuestro pasado ancestral como cazadores recolectores, y que sirvió a los propósitos de supervivencia y reproducción de los individuos, de mejor manera que rasgos alternativos que competían con éstos. Cabe hacer notar que la palabra utilizada en inglés para referirse al engaño y auto engaño es deception y self-deception, que tiene una connotación moral menos negativa que la traducción mencionada,  por lo que no debe entenderse la palabra “engaño” utilizada a lo largo del libro, o de este comentario, de la manera coloquial con se utiliza en el lenguaje diario.

La razón para la existencia de un mecanismo de ese tipo proviene de la necesidad de los individuos de manipular la conducta de los demás en interés propio. Ello conduce de manera natural a que las personas utilicen el “engaño” en su intercambio con otras, el que, para que logre sus objetivos, debe ser creíble. Para que eso ocurra, el “engaño” debe ser expresado, a su vez, con una convicción que sólo se logra si emocionalmente así lo percibe quien lo expresa, lo que precisa de un “auto-engaño”. Esta compleja danza manipulativa, está presente en muchas de nuestros intercambios sociales, aunque, por supuesto, no es la única forma de interacción social en la que incurren los humanos.

En el caso de las elecciones, el modelo en el que se basa la interpretación que el autor propone, supone que los candidatos intentan conquistar el espacio más grande  posible de preferencias de los votantes, en los diversos ejes temáticos en los que éstas son percibidas, y para ello, en vez de tener una postura única y precisa en cada tema - que se encuentre, por así decirlo, “lo más cerca posible” de la mayor cantidad de votantes - plantean una postura ambigua, que haga más fácil que su postura “coincida” con éstos en los distintos puntos del espacio de sus preferencias. Los votantes, por su parte, tienen preferencias cambiantes respecto de los diversos temas, de modo que las elecciones, en este modelo, consisten en el esfuerzo de los candidatos para determinar la posición en que se encuentran los votantes respecto de esos temas en discusión a lo largo de la campaña, y luego de determinarlo, buscan formas de corregir sus propias posturas para adaptarse a ese cuadro, de una manera que resulte creíble. Ello requiere del “deception” y del “self-deception”  mencionados, del engaño y del auto engaño.

En el caso de la elección presidencial chilena de 1989, los datos sugieren que Aylwin logró modificar su postura, haciendo ambigua su posición respecto de la mantención de la economía de mercado vigente – algunos interpretaban sus posturas como proclives al cambio y a otros no les parecía que ello sería así -, como también logró transmitir una postura de amplio espectro en materia del tratamiento de las violaciones de los derechos humanos, que parecía satisfacer a quienes buscaban un postura radical al respecto, pero que apaciguaba a quienes querían buscar una manera rápida de terminar con ese tema. Ese “engaño” fue el responsable – la tesis del autor – del aumento de 10 puntos en las preferencias de los votantes a favor de Aylwin entre Abril y Noviembre de 1989. Lo interesante es constatar que ambos temas, la economía de mercado y el tratamiento a tener respecto de las violaciones de los derechos humanos, fueron evolucionando en las preferencias de los votantes hacia posiciones moderadas, seguramente, y ésta es una interpretación mía, porque el trauma de Allende para algunos, y el trauma de Pinochet para otros, los hacía ansiar un camino de tranquilidad y orden más que uno de cambios drásticos e incertidumbre, y, en consecuencia, la postura menos radical y ambigua de Aylwin satisfizo a una mayor cantidad de votantes. Pero además del “engaño”, estaba el “auto engaño”, pues aparentemente Aylwin se convenció que ese era el camino apropiado, a pesar que había tenido posturas tan distintas respecto de la economía de mercado a lo largo de su carrera política. Seguramente ello fue así, porque ese mecanismo psicológico le permitió transmitir lo que su “sensación visceral”, aquello que algunos llaman “el segundo cerebro”,  le indicaba; esto es, que era mejor seguir con el sistema existente para impedir mayor convulsión en un país que clamaba por seguridad y progreso. La adopción de esa postura, alejada de su ideología conocida, es el “auto engaño” con que Aylwin pudo hacer creíble su planteamiento ambiguo.

Lo interesante y novedoso de esta tesis estriba en el hecho de utilizar los rasgos que la perspectiva evolucionaria ha ido describiendo como esenciales de nuestra especie para explicar conductas complejas como las de candidatos y votantes en elecciones democráticas. De esa manera, reconoce el fenómeno cada vez más extendido en las ciencias sociales, que es adoptar esa mirada evolucionaria para comprender las motivaciones conductuales de los seres humanos, pues ésta las provee de una manera conceptualmente unificada para entenderlas, da una plataforma fructífera para formular hipótesis testeables en el terreno, cuyos resultados se ajustan, en general, a la evidencia empírica recogida, y que preserva la consistencia con las disciplinas más generales, como la biología y la física subyacentes. Por otra parte, esa postura, permite identificar a las instituciones económicas y políticas como un conjunto de reglas del juego, frente a las cuales los diversos individuos reaccionan de manera similar, puesto que es la misma naturaleza humana, evolucionariamente heredada, la que interactúa, en las distintas culturas, con las reglas del juego que dicha institucionalidad impone y, por lo tanto, esas instituciones pueden aspirar a la universalidad que quienes las sustentan proponen.

Por otra parte, si se analiza el tema desde el punto de la historia política de país, la elección presidencial de 1989 es una elección crucial, cuya importancia no es posible disimular, pero en la que, justamente el “engaño” o “ambigüedad” que Aylwin manifestó frente a la economía de mercado, a que alude el autor, fue uno de los pilares en que basó el éxito que ha tenido la transición chilena. Ella permitió finalmente adoptar la economía de mercado sin desmotivar completamente a sus detractores – “crecimiento con equidad” era la frase para aplacarlos – pero, a la vez, satisfaciendo a quienes podrían no haberlo apoyado, de haber tenido Aylwin una postura más acorde con su trayectoria política.

En relación a la presentación de los temas, me parece que la historia política del país en la que se inscribe el libro está adecuadamente descrita y presentada, pero en cuanto a la descripción de los modelos y la teoría que están detrás de los argumentos expuestos, se echa de menos un ordenamiento más preciso y claro de éstos, que permitan al lector transitar por esos parajes con el camino más despejado. Se trata de una temática que mezcla modelos matemáticos, con sutiles argumentos y contra argumentos del debate académico que ha habido al respecto,  lo que hubiese requerido un mayor esfuerzo del autor para facilitarle la tarea al lector. Eso no disminuye el interés del tema y la importancia del análisis, pero enturbia las extracción de conclusiones que de otra forma el lector podría obtener de su lectura.

Con todo, felicito al autor por este esfuerzo, y lo insto a que continúe utilizando la mirada evolucionaria para interpretar nuestras conductas políticas.

Muchas gracias.

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