viernes, 25 de junio de 2010

Palabras de Juan Antonio Huesbe en la presentación de Una historia de Viña del Mar: "la hija de los rieles", de Piero Castagneto

 Nos vemos enfrentados al libro de Piero Castagneto Una historia de Viña del Mar con un eufemismo –"la hija de los rieles"–; aunque este último subtítulo parece muy posterior a los restantes todos insertos a saber, en el camino de los trenes por ese viejo Chile que ya aparece perdido como en los poemas de Jorge Teillier y su sur mágico o como en aquel poema de José Ángel Cuevas cuando refiere a ellos “como por aquellas grandes ventanas (las de los trenes) pasaba Chile”, es decir el proceso, la construcción y la muerte de este medio de locomoción ya casi romántico, perdido como ya dije en aquel inconciente colectivo del cual habló tan bien el siquiatra  Karl Jung. Por lo mismo se sostiene que este libro se sustenta a partir de algo que a ojo de buen pastor: ya no es o ya no existe.

Pero debemos preguntarnos entonces que une, enlaza y articula esta historiografía, ya decíamos la defensa de un balneario, la historia de una ciudad. La lectura de la historia es bastamente conocida, pero nuestro cuestionamiento pasa o transcurre en tratar de saber o dilucidar el motivo por el cual Castagneto ha llegado hasta este punto. Piero  ha hecho todo este quehacer histórico, si se permite el término, conmovido por la ciudad de la que formamos parte, esto es consultado el anaquel de la memoria colectiva de una ciudad que junto con aparecer en el libro pronto empieza a desaparecer, esto es cambia, muta y varia donde hubo antes una mansión de San José, o castillo, a partir de 1977 no hay nada, el palacio Ducal ahora Cap Ducal y así una serie de datos casi estadísticos, de lo que hubo y ya no hay. Piero piensa, tratando de contravenir a la historia, que este cambio se debe al avance demográfico y empieza este cuestionarse y cuestionar a todos sobre si el avance de una ciudad conlleva necesariamente a la desaparición de otra ciudad; como en un juego de mapas superpuestos unos con otros, como una Viña en otra Viña, como una Viña fantasma. Para ello concurre a fotos antiguas, a los archivos de la ciudad, a viejos mapas, a fotos del Everton, etc., a todo lo que sea necesario. Piero concluye lo mismo: la ciudad avanza no por sus esmeradas y salinas viñas, ni por sus olas, sino por el tren. Luego habrá que acatar la voz de las viejas locomotoras surcando los aires de Valparaíso, Viña del Mar, Quilpué y finalmente Limache. Además, Piero tampoco puede cuestionar a los empresarios y constructores, pues los hombres, si son hombres, lo son precisamente porque se equivocan.

Pero qué es lo que busca verdaderamente Castagneto con todo esto, ya sabemos que cumplir con lo que la propia historia le encomendó, pero ¿qué es lo que hay detrás de todo esto? ¿Qué significa cumplir con esto? Pues bien, Piero ha hecho de su modo de vida, su élan vital su areté. Su hacer es pues propio de su hacer virtuoso expresado a partir del periodismo que le tocó estudiar y ejercer. Este argumento que justifica su actuar en verdad revela que el hacer del periodista, es pues también un consejo para el hombre virtuoso que vive precisamente en la polis; por tanto el consejo es el hacer del ciudadano es, si se quiere: ético-político. Para ello sostendremos que la formación de una ciudad  nace solo y a partir de la polis... No hay ciudad fuera de la Polis, como dice Cioran. Por tanto Piero pretende enseñar a los jóvenes y, en general a todos los viñamarinos, estos principios del hombre virtuoso o que apuntan  a su ser íntegro, a su virtud.

La Virtud de un verdadero ciudadano como sostuvo Cicerón en el De Civitate es precisamente hablar de su ciudad, defenderla y probar que una verdadera historia no vaga por dos o tres calles o por el antojo de unos terratenientes de buen apellido, sino por la conciencia colectiva de quienes la construyen día a día.

 

lunes, 03 de mayo de 2010

LAS RAZONES DE MARIANO. Palabras de Alejandra Costamagna en la presentación de 20 años de crítica literaria. Las razones de un lector, de Mariano Aguirre

En la primera de las críticas reunidas en Las razones de un lector Mariano Aguirre se refiere a Juan Emar y raya la cancha de su propio oficio. “Los escritores valen por sus textos”, dice, “no por sus andanzas”. Claro que a renglón seguido puntualiza que, bueno, que en algunos casos valdría la pena echar un vistazo también a la vida del autor. No por mera curiosidad sino porque la experiencia podría irradiar, de vez en cuando, algunas luces sobre el destino de la obra. Y entonces el crítico entra de lleno en Emar y recurre a la descripción que ha hecho antes Pablo Neruda sobre el autor de Umbral. “Era un hombre callado, socarrón, singular. Fue un gran ocioso que trabajó toda su vida”, dice Aguirre que ha dicho Neruda. Y es ahí, creo yo, en la elección precisa de la cita, donde asoma –como sin querer queriendo– el perfil de Mariano Aguirre, con esa singular distancia del profesional discreto-callado-socarrón, que evitará escribir en primera persona y que, sin embargo, estará revelando claves propias en cada juicio acerca de éste o de este otro libro; de este o de este otro autor.

De este y no de otro crítico literario, en definitiva, que con urgencia de cronista nos paseará por el Chile de las últimas décadas del siglo –del tenebroso siglo veinte, dirá él– a través de ciertos libros y ciertos escritores que irá escogiendo de la cambiante escena local. También visitará en sus textos publicados en diarios y revistas de la época (y recogidos ahora en este libro) otros rincones y tiempos latinoamericanos y europeos, pero es en el ejercicio de imaginar Chile, pienso yo, donde sus críticas más claramente lo revelan. Revelan, quiero decir, al personaje Mariano Aguirre que lee unos libros y escribe unos textos que hablan de esos libros, que hablan de un momento, que hablan de un crítico que vive ese momento y lee a esos autores y no a otros, y cita esos párrafos y no otros, y va fijando así su obra y su discurso. Y con ellos, su singular perfil.



Ofelia Evangelista, Alejandra Costamagna, Antonio Skármeta y Alfonso Mallo.

Puede que Mariano Aguirre no haya sido el personaje tan inmaculado que algunos llegarán a imaginar al calor y al cariño de este homenaje. Puede que sí, puede que no. Pero hay un Mariano Aguirre que emerge de las letras de su propia escritura. Un Mariano Aguirre que se perfila en la voz de los otros y se define en las citas prestadas y secretamente asimiladas. “Miradlos bien, porque esos ojos son el centro de mi historia y han atravesado todo el siglo XVIII como un riel electrizado”, advierte Mariano que ha advertido Vicente Huidobro al inicio de Cagliostro. Y podríamos decir que ése es también su punto de partida; el de Mariano, que con sus ojos contemporáneos leerá este segmento del mundo y fijará el centro de su historia como un riel que ya no sostiene los mismos trenes. Huyendo de las lamentaciones nostálgicas, Mariano recurrirá a Malraux, por ejemplo, para hablar de “los duros tiempos del deprecio”. Y no dará lo mismo en qué duros tiempos escribe lo que escribe:

En enero de 1984, por ejemplo, iniciará su comentario sobre la reedición de Historia personal del boom, de José Donoso, con estas precisiones: “Ciertos aires –buenos aires– pareciera que están llegando al país. Claro, en cuanto a literatura se refiere”. Y en septiembre de ese mismo 1984 hará el siguiente preámbulo para referirse a la poesía de Oscar Hahn: “La censura de los libros terminó, es de esperar que para siempre, aunque algunos censores de alma siguen ejerciéndola. Hasta el amante poeta Ovidio, muerto hace ya casi dos mil años, ha sido víctima pública –televisión mediante– de este tipo de inquisición por un curita deslenguado que da la lata los viernes por la noche”.

Y ya en plena democracia, en 1994, las polémicas generadas en ciertos grupos moralistas por las postales de Juan Dávila o por el libro Ángeles negros, de Juan Pablo Sutherland llevarán a Mariano Aguirre a contextualizar los alcances de la metralla. “Los dardos –dirá el crítico– si bien apuntan a acosar la libertad de creación y de expresión, tienen un blanco oblicuo. No es otro que el de cuestionar el apoyo que el Estado, a través de Fondart, le otorga de manera bastante limitada a los artistas y a los escritores chilenos. Rasgar vestiduras se puso de moda. Salvo excepciones, los llamados representantes del poder público –cierta prensa incluida– con esa complacencia que en este país es parte del consumo que nos consume, han salido al ruedo con vociferantes cuestionamientos que sólo traslucen su ignorancia en materias literarias y artísticas”.



 

Pero más allá de la contingencia política, también habrá espacio en los escritos de Mariano Aguirre para sus juicios sobre la escena literaria local. En 1983 lo dirá sin pelos en la lengua: “Cuando ciertos textos, por llamarlos así, se dedican a la pasión de los pirulos y otros a los refunfuños culinarios con un éxito comercial y una parafernalia crítica digna de mejores causas, la lectura o relectura de novelas publicadas un tiempo atrás, permite tener confianza en el destino de la narrativa chilena”. Y advierte: “(pero) no son muchos los casos”.

Los pocos casos para Mariano serán, por ejemplo, Adolfo Couve, cuya prosa definirá como “un lago que esconde las corrientes que lo convulsionan”. O José Donoso, a quien designará como el “mejor narrador que ha tenido y tiene la literatura chilena contemporánea”. Y habrá otros casos y otras obras de gran altura también, como La ciudad, de Gonzalo Millán, que para Aguirre contendrá algunos de los mejores poemas no sólo del autor sino “de toda nuestra poesía local”. O Ay mama Inés, de Jorge Guzmán, que catalogará como “una de las mejores novelas escritas por un chileno en los últimos años”. O En Jauja la Megistrú, de Guillermo Blanco, que a pesar de su “poco afortunado título”, será, en opinión del crítico “uno de los mejores relatos sobre la infancia”.

A través de sus comentarios, Mariano Aguirre no sólo irá marcando las banderitas de su propio canon, sino que incorporará también en el registro a la siempre relegada dramaturgia (“Sí, se puede leer teatro”, apostará entusiasmado en un título); a la entonces precaria novela negra chilena con Ramón Díaz Eterovic y su flamante Heredia a la cabeza; y a ciertas publicaciones de autores emergentes o escasamente difundidos en la prensa. Por el lente y el juicio de Mariano Aguirre en los años ochenta y los noventa pasarán libros emblemáticos, como Soy de la plaza Italia, de Ramón Griffero; Virus, de Gonzalo Millán; o El infarto del alma, de las nunca complacientes Diamela Eltit y Paz Errázuriz. Pero esto no significará, en ningún caso, que Aguirre le haga el quite a una Marcela Serrano ni a una Isabel Allende ni, incluso, a un Enrique Lafourcade, cuyo trabajo definirá en 1993 como “irregular, muchas veces contaminado sólo por lo coyuntural o lo que está en el aire”.

Porque para este lector abierto, alejado de todo evangelio, “en literatura vale más lo diverso que lo homogéneo”. Y es en lo diverso, precisamente, donde Mariano se moverá a su antojo. Ésta es, a fin de cuentas, la obra de un autor que eligió una estrategia ventrílocua, por llamarla así, para registrar su propia obra a través de las obras de los otros. Si en la primera crítica de Las razones de un lector Mariano rayaba la cancha de su oficio cuando aseguraba que “Los escritores valen por sus textos, no por sus andanzas”, hacia el final del mismo comentario revisará los últimos días de Juan Emar y dará la palabra al propio escritor: “Ya terminé el libro Umbral y empecé el siguiente… En él estoy en el fondo de la tierra”, escribirá Mariano que ha escrito Emar. Y siguiendo en la voz de Emar revelará el que, acaso, sea también su designio futuro: “A veces salgo a la superficie y veo a los viejos amigos”.

A veces, como esta noche quizás. Digo yo.


Alejandra Costamagna
27 de abril de 2010

viernes, 05 de febrero de 2010

Presentación de Bestiario del Reyno de Chile

En la 28ª Feria del Libro de Viña del Mar fue presentada la nueva edición de Bestiario del Reyno de Chile, de destacado dibujante porteño Lukas. En la oportunidad, se refirieron a la obra Eugenia Garrido, historiadora, concejal de Viña del Mar y directora ejecutiva de la Fundación Lukas, junto a Rafael Torres Arredondo, director ejecutivo de dicha fundación.

lunes, 11 de enero de 2010

Presentación de Alicia, la niña vampiro, en Viña del Mar

La primera actividad de RIL editores se realizó en la nueva versión de la Feria del Libro de Viña del Mar. En la ocasión, se realizó un concurso de dibujo infantil, cuyo primer premio fueron los dos libros de Alicia, la niña vampiro, más una croquera.

martes, 17 de noviembre de 2009

El libro blanco del rock desde adentro

Pablo Padilla (alguna vez conocido como Urbano Matus) escribe este texto en donde nos cuenta cómo se originó y desarrolló la idea de un libro sobre el rock.
 

En los inicios de esta locura (digamos que entre los años 2005 y 2006), mis amigos Daniel Calabrese y Eleonora Finkelstein (de RIL Editores), me perseguían con el tema de hacer algo con el rock. Con eso de “hacer algo” se referían, por supuesto a sentarse y escribir un libro en el que lo central fuese el rock. Claro que no había una idea clara, pero sí estaban las ganas de entrar a golpear.

Con Eleonora y Daniel somos amigos hace décadas, cuando ellos llegaron desde Argentina con la idea (quizás igual de difusa), de hacer una editorial dirigida por poetas y con la literatura como centro. Ese empeño se transformó en RIL, una de las editoriales nacionales más importantes. Pues bien, esa hambre de “hacer” es la que orientó este proyecto de El libro blanco del rock.

Si bien a mí me tocaría escribir buena parte del libro, tenía claro que el esfuerzo era como para conformar un equipo.

Por mi relación con Rockaxis, era lógico que me tocara ser el nexo entre la editorial y la revista. Muchas reuniones después, Cote Hurtado se unió a la conspiración, con lo cual la idea comenzó a tomar cuerpo. En esta parte, se nos unió María de los Ángeles Cerda para hacerse cargo de la edición de la obra, puliendo, orientando y encauzando el flujo de los verbos. En conjunto, nos abocamos a una tarea que asomaba desde ya complicada y que, con el tiempo fue creciendo y haciéndose más ardua.

¿En qué terminó ese difuso concepto que queríamos construir? Ni más ni menos que esto: hacer un libro que fuese una especie de gran listado de nuestras músicas imprescindibles. Dentro del rock y sin barreras de estilo o tendencia, se trataba de listar y explicar porqué los elegidos se nos han vuelto una adicción. Cuando digo “explicar”, no me refiero a hacer una reseña histórica o un resumen acabado del artista reseñado. Me refiero a “explicar” desde la más estricta subjetividad el peso que nosotros le asignamos a los elegidos.

Pero ¡ojo!, que no se trata de hacer musicología, ni historia o una enciclopedia del rock. La pretensión es dibujar un mapa y una carta de navegación para señalar como está hecha nuestra emocionalidad rockera. Revisar el catálogo de los discos en nuestra memoria y explicar en el papel porqué ocupan un lugar físico (y mental) en nuestras vidas. Suena sencillo, pero no es tan así.

Entre cafecitos, asados, pizzas, desvelos y unas cuantas cervezas, la lista de los seleccionados, nació, creció y se multiplicó. Lo que en un momento partió por noventa bandas y artistas, se agrandó y mutó en otro ser, hasta llegar a este hermoso volumen que presentamos. En él están contenidos casi cuatrocientos nombres, entre bandas, solistas y productores. Eso sin contar a todos los que son nombrados en los ensayos, en el prólogo y en el texto de cierre.
Un esfuerzo como este, de hacer una suerte de guía de audición, no se había hecho antes en Chile. Han sido años de trabajo, mucha vida ha pasado bajo los puentes, y estoy feliz de ver este proyecto saliendo hacia la luz. Para mí es una estación que se acaba, un fin de fiesta, una despedida del pasado y un gran y alegre saludo al futuro que se viene. De fondo, como siempre, suena nuestro amado rock and roll, con la intoxicación de su pulso tomando control de nuestras almas. El libro blanco del rock es una incitación a leer oyendo, a escuchar cada una de sus páginas. Es alma que vibra, es paisaje sonoro que no piensa entregarse a ningún silencio. Como siempre, ¡que sea rock!

viernes, 14 de agosto de 2009

Palabras para la inauguración de Paradiso Paradoja, por Pablo Walker S.J.

El pasado 11 de agosto Virginia Huneeus, junto a Mario Soro presentaron "Paradiso-Paradoja" en el Museo Nacional de Bellas Artes. En esa ocasión, Pablo Walker S.J. presentó también el libro Amores carnívoros.

La instalación que hoy inauguramos es una metáfora visual. Como ustedes saben las metáforas sirven para viajar... en particular  esta  quiere evocar lo que está más allá de lo visible: el Paraíso. Una pretensión de este tipo tiene muchos riesgos y “Paradiso Paradoja” los  corre todos.  Virginia Huneeus y  Mario Soro quisieron  abordar el viaje de Dante fieles a su propio imaginario, trayendo consigo formas feroces, afiladas para  grabar el ánimo del espectador,  empujándonos a nosotros también a hacer un viaje. Como  Dante.

“Paradiso-Paradoja” es por tanto una travesía, quiere evocar  la  metamorfosis  de los seres humanos a lo largo de su vida; el viaje de los Dante que somos todos, desde los propios infiernos personales hasta algún Paraíso digno de ser creído. 

Hay una correspondencia entre los personajes de esta instalación  y los  de los  relatos  que Virginia Huneeus nos presenta en su octavo libro Amores carnívoros. Muchos de esos personajes aparecen en escena viviendo un infierno, como en un “Caos inicial”, parecido  a las rocas hundidas en pegajosos légamos proyectadas por  Mario Soro al inicio de la  instalación. Caos  de un músico, de su dolorosa sequía creadora en el relato “La página inédita de Stravinski”. Caos  de un joven pintor tras haber sido usado por Jane, la rubia representante de una trasnacional de arte, en el relato “La performance”.

Pero estos personajes literarios han experimentado una  mutación, han hecho un viaje. Ello ha acontecido por el encuentro con alguien de carne y hueso: las “Musas” que encontraremos en esta  instalación, indómitas  y enigmáticas, con su boca susurrante y sus ojos mirando hacia adentro, pudieran evocarnos a esos personas-hitos que fueron un punto de inflexión, personas reales que en algún punto del viaje nos cambiaron la vida. Así como en “Amor carnívoro”, Doña Custodia,  una gorda cocinera transforma los monstruos dibujados por una niña en panecillos de colores que exorcizan los miedos;  así como en “Melisanda”, un flaco y pálido tío compositor,  transforma el amor no correspondido de la protagonista  en música que hace que  recupere, como un pájaro, la libertad...
 
Estas y otras, las Musas, hacen caminar al que pudiera quedarse en el país de los muertos, conducen al umbral de un nuevo alumbramiento, a un canal de parto  en medio de la intemperie: es el espacio evocado en  la “Secuencia Ecográfica” de la rotonda de la instalación. Quizás todos nosotros, sacados de los corchetes y amputaciones de nuestras biografías, de las pegajosas improntas de nuestras derrotas, puestos a salvo de los fantasmas y cucos que se alimentaron de nuestras pérdidas, reconoceremos en esas figuras escultóricas, en las Musas,  a una “Beatriz”  de rostro enigmático, capaz de dejarnos en un  lugar donde todo comience sin infiernos, en el umbral de un Paradiso que es creíble porque no desconoce las  paradojas  del camino.

Esta instalación tiene momentos lúgubres,  recoge la fecundidad de las pesadillas y violencias de nuestras biografías, la posibilidad de encontrar en medio de ellas la persona que nos ayude a entre-ver un camino más allá de nuestros fracasos y sus  vapores. Es un camino que hay que hacer con precaución: “de estos volcanes han nacido grandes poetas, pero también suelen engendrar monstruos sanguinarios” nos dice Virginia Huneeus

Me parece que este libro y la instalación están marcados por rasgos fuertemente autobiográficos, metafóricamente autobiográficos, como todo en arte. Creo que es Virginia misma quien, a través de sus personajes, recuerda su propio camino...”olfateas cada color, untas los dedos en verde, te embadurnas la cara de azul, Pintas un signo ocre en tu frente, Chupas el pincel y te manchas entera de rojo...” Pero puede ser autobiográfico también el viaje desde una vida acorralada por cucos y fantasmas (antagonistas  y por ello compañeros en el  trabajo creador), al encuentro con alguna “Beatriz”. Ese es el sentido de los rostros que  aporté al video-instalación con la que llega a desenlace “Paradiso Paradoja”:  rostros que nos hacen entrever el misterio más allá de la muerte; en medio de la vida concreta, personas de carne y hueso transfigurado,  que nos meten dentro de sus pupilas y nos contagian lo que ellas ven y no pueden mostrar sino con el brillo de sus ojos...

Que los infiernos en este mundo sí son reales.
Que el encuentro con  quien inspira el viaje es decisivo
Que las pesadillas tienen fecha de vencimiento
Que no hay Paraíso sin paradojas.

miércoles, 08 de julio de 2009

Presentación de El naturalista belga, de Jorge Fernández Correa, por Alberto Chacón

Tengo el honor de presentar a ustedes esta segunda entrega de mi querido amigo Jorge Fernández. En efecto, El naufragio del naturalista belga, ve la luz a un año del lanzamiento de la primera novela de su autor, Los sueños de Ascanio. Ello revela la pasión por la escritura que ha desarrollado Jorge, pasión que comparto, aunque nuestras fidelidades con ella no son comparables. Llevo nueve años escribiendo cuentos bajo el amparo del taller literario y no he publicado aún. Jorge lleva dos novelas y me confidencia que está escribiendo la tercera. ¡¡Bravo por esa pasión, bravo por su constancia!!

Digo que me une a Jorge una amistad de toda una vida, mientras por la escritura solo son diez años. Ello para anunciarles que no soy precisamente objetivo al analizar las páginas acerca del naturalista belga y su tiempo y su naufragio que Jorge me ha pedido comentar aquí. Antes bien, soy un leal impulsor de esta común pasión que tenemos y quiero instarlo a que siga prodigándose en este arte.

Sin embargo, conozco bien la bonhomía de Jorge y sé que me serán perdonadas algunas visiones críticas del libro sin resentimientos que lamentar y creo también que, conociendo mi carácter perfeccionista, él ha sido un audaz y honesto en demasía al entregarme su creatura en comentario.

Hechas estas precisiones, veamos.

Desde lo general a lo particular, estamos en presencia de una novela. El género novelesco que ha escogido Jorge Fernández es el de la novela histórica. No es en consecuencia cualquier ficción. Y digo esto porque tratándose de novela histórica, más aún la centrada en personajes como es este caso, se tiende a unir la fórmula de intentar recrear la vida de este con una gran cantidad de información relacionada o conexa con ella, la vida del personaje central, en este caso, el naturalista belga Jean Bernard Terloo. Me ha confidenciado Jorge que el mismo es un lector contumaz de novelistas como Pérez Reverte y quizás Ildefonso Falcones (esto último no me lo ha dicho) que son autores prolíficos y leídos. La novela histórica, que es el camino escogido, a mi juicio tiene una ventaja sobre la narrativa literaria de otro tipo (sicológica, policial, de ambiente, etc.) es que tiene lectores fieles. ¿Quiénes son estos? Pues, de Perogrullo la respuesta: a quienes les interesa la historia, saber con un foco más ajustado sobre hechos y circunstancias ocurridas en un eje espacio tiempo determinados (en este caso Jean en los primeras décadas del siglo 19 hasta bien entrado ese siglo, para ser exactos, la época del bombardeo de Valparaíso por la escuadra española). No le podemos exigir a una novela historia, menos una en que el narrador es lo que se denomina un narrador omnisciente, que nos brinde el misterio de una novela sicológica. Que nos “engrupa” por decirlo así con ese juego de cajitas rusas donde alguien dice A y piensa Y y actúa X, dejando al lector con un palmo de narices. Alguien con motivaciones ocultas sombrías, lo que Piglia llama la segunda historia. No es este el caso.

Pero... ¿quién de nosotros (particularmente los de esta generación) no se encerró durante semanas en su pieza a leer a Jorge Inostrosa por ejemplo y hoy, precisamente a Pérez Reverte? ¿Son aquellos autores menos válidos que los ensayistas o novelistas clásicos, aquellos que como dije antes, nos engrupen, nos llevan de allá para acá, nos mienten solapadamente durante la lectura para descubrir el engaño casi en los capítulos finales, que debemos releer varias veces para quedar en paz y cerrar el libro sonriendo con el engaño de que nos hicieron víctima? No me parece. Son distintos. Además, en un mundo donde basta abrir la prensa para darse cuenta de cómo la realidad supera al más febril de los autores, pienso que Fernández piensa que hacernos huir de la realidad transportando al lector hacia otros universos y otros tiempos será recibido con gratitud. Pienso que piensa Jorge Fernández que contribuirá al placer del lector permitiéndole de algún modo, entender algo del mundo de donde el lector viene, aunque sea remoto, como es el caso de la Bélgica en sus albores como nación independiente. Y esta puerta de escape hacia otros tiempos, otros lugares se agradece. ¡Vaya que se agradece!

Pero… ¿es cien por ciento una novela histórica la que tenemos entre manos? Eso es apreciación que corresponderá a los más expertos que yo (que soy primero que nada amigo, después lector y después escritor aficionado). Pero, llamado a dar mi comentario, estamos en presencia de una mezcla de novela y crónica histórica. Y créanme que es un género interesante. Particularmente yo, que soy un lector devoto de S. W. Siebald un autor de nuestra generación (algo mayor) que murió tempranamente hace cinco años en un accidente, nos dejó novelas maravillosas que se aprovechan del narrador para dar un paseo por los lugares y la historia de los lugares que el narrador-testigo recorre. Y créanme que su lectura es apasionante. Acabo de terminar Austerlitz. ¿Novelista? ¿Cronista? ¿Cronista histórico? ¡Qué importa si el recorrido atrapa al lector!

No puedo dejar de hacer un paralelo con Siebald al leer el primer capitulo de El naufragio… Mientras Siebald describe con precisión la estación de Amberes y su visita nocturna a la Salle de Pas Perdus en la Central Station, construida por el hijo del Leopoldo que fue contemporáneo de Jean Bernard, en los albores del siglo XX. Siebald escribe como testigo y se sirve del testigo para transportarnos a otros tiempos... Jorge Fernández nos describe Bélgica en los albores, recién despojada de sus humillaciones, guiada por Leopoldo I. A diferencia de Siebald, Jorge escoge a un narrador omnisciente que se adueña del personaje y del tiempo en que este vive. Tiene un riesgo allí: muestra poco el “pathos” la emocionalidad, el genio del personaje; no vive en sus tripas, en sus vísceras, en sus pensamientos y así arriesga desconectar al lector de la simpatía que naturalmente suscita un personaje cuando nos participa de sus avatares internos. Lo que piensa, sueña, lo que habla.

No obstante, recordemos que estamos en presencia de una novela histórica y Jorge suele salir con éxito de esa dificultad que él se pone. Es un hombre audaz mi amigo. Y así sabemos que Jean Bernard está en sus 29 años, proveniente de una familia tradicional, cuyo padre es uno de los consejeros de Leopoldo I, y nos describe con gran profusión las circunstancias políticas y sociales de su época. Nos trae de la mano un personaje además que se cruza en el camino de otros que hicieron época e historia como naturalistas. Las reminiscencias de Darwin, inspirador del naturalista belga, el famoso Fitz Roy, sus visitas a Claudio Gay, se van mezclando con inventos tan geniales que cambiaron el observar humano, como es el caso del daguerrotipo, que se muestra a generaciones de sorprendidos habitantes de nuestra América del Sur, hacia 1823; o la descripción de las cortes europeas y su reflexión acerca de la independencia de nuestra América cuando aún no se apagaban los humos de los cañones napoleónicos, y se iniciaban a veces las restauraciones borbónicas en el viejo continente. Toda una historia dentro de la historia de Jean Bernard. Pero esta útima nos refiera a un interesante e interesado en todo. Es un científico a quien el amor por las especies, por la flora y la fauna de este nuevo continente le subyuga. Se anticipa a los debates de los dos siglos venideros en la preservación de ella. El hombre además se nos muestra como devoto de la religión, del catolicismo y las conversaciones que sostiene con sus amigos Slvodovan y el cura, y el pope Gallet a bordo de la goleta Oriental. Y aquel, el narrador omnisciente, poniéndose en el espacio de su testigo personaje, nos muestra el paraíso terrenal conformado, por ejemplo, por la flora brasileña, en la época del imperio… “En Río, donde la piel manda”, es a mi juicio uno de los capítulos más logrados de su novela. Como que Jorge y su personaje se despelucan , se sacan el colero y el bastón y se desmadran allí y cito: “en medio de las flores y los árboles donde se percibía un mundo lleno de fantasía, esos enclaves mágicos donde el hombre se integra con la naturaleza, y agudiza los sentidos…” cuando en el aire flota un perfume sensual que predispone al amor; entre el “calor y la humedad, entre los baños en cascadas de agua dulce en medio de una vegetación de iguanas y monos, mientras Marcel y Slobodan besan y acarician muchachas de piel morena; mientras el naturalista conoce a Matilda quien tenía todos los encantos que un hombre puede desear. ¡Ah! ¿quién no se habría quedado prendido en los brazos de Matilda, la que se vale de brujerías más allá de su cuerpo que le “ayudaba a descubrir un mundo de sensaciones que el buen Jean Bernard tenía vedadas siendo testigos de cómo... gozaban con los baños en las piscinas que se formaban en las cascadas de la selva, en el canto de los pájaros multicolores, mientras aúlla el sonido de la selva los onza, las pacas, carpinchos, guaximis, zorros y guarás”?

Bueno, el lector tiene la ocasión de acompañar a este buen naturalista por tiempos interesantes de consolidación republicana y sus conflictos en nuestra América: la región del Plata, nuestra orgullosa Concepción, Penco; transitar por los ríos Andalién y Bío Bío, las reminiscencias del terremoto de 1835 -ya antes nos había llevado al cataclismo de Lisboa, que aun perdura en el recuerdo de los lusitanos-. El amor de Slodovan por Cecilia, la que sería su mujer y las características de estas gentes: “Mezcla de capacidad y pesimismo, con espíritu de sobreponerse a la adversidad, reconstruyendo una y otra vez”. De Concepción a Valparaiso, siempre dando a conocer el invento: el daguerrotipo; luego el norte de Chile donde hay un naufragio, después del cual se separan los viejos amigos.

En fin, aquí hay historia, aquí hay un personaje, aquí hay geografía narrada a veces con poesía y a veces con objetividad. Personalmente me gusta más la descripción metafórica. Escenas, como la muerte del padre que evocan épocas y lenguajes. El regreso de nuestro naturalista a sus tierras, sospechamos no será por mucho tiempo.Será para recoger sus méritos y los de su padre en la corte de Leopoldo. Vuelta a París, ciudad que es descrita con amor ya en los primeros capítulos.

Pero, después de este periplo… sospechamos que este hombre, como tantos de nuestros antepasados, tantos ancestros de los que estamos acá, de esos hombres que, de una manera u otra hicieron estos trayectos largos, muchas para encallar por casualidad en el pueblo donde parieron a nuestros bisabuelos y abuelos… sospechamos -repito-, que este hombre... pasó, vino, vio y se quedó.

Dejo al lector del libro que tienen (o tendrán) entre sus manos, el privilegio de descubrirlo.

Muchas gracias.

martes, 30 de junio de 2009

Presentación de Creatur, de Gustavo Barrera, por Marcos Araya Pizarro

Una distancia pequeña no es ya cercanía.

Anotaciones sobre Creatur de Gustavo Barrera.

(Escrito leído el 22 de abril de 2009 en “La Chascona” en ocasión de la presentación de Creatur).
¿Qué es la cercanía cuando, pese a la reducción de los más largos trechos a las más cortas distancias, sigue estando ausente? ¿Qué es la cercanía si la infatigable supresión de las distancias la ha llegado incluso a descartar? ¿Qué es la cercanía cuando, con su ausencia, permanece también ausente la lejanía?
¿Qué pasa que, suprimiendo las grandes distancias, todo está igualmente cerca e igualmente lejos? ¿En qué consiste esta uniformidad en la que nada está ni cerca ni lejos, como si no hubiera distancia?
Martin Heidegger
Esta/e Creatur, leemos, en su pulcritud habita la muerte, el off del/la sujeto, una off-scene donde, parafraseando a Pilar Errázuriz, se alucina ausente y cautivo lo femenino o, mejor, lo diferente al “sujeto uno y varón”, lo no hombre que “sólo es posible como ficción”, aquel resto indecible entre los pliegues textuales, en el silencio, en el vacío (que no existe), en el juego de espejos manierista.
La multiplicidad y la incertidumbre de Creatur urden un juego en recurrencia, fantasmagoría que no reconoce límites en su desplazamiento, en el frote-espejeo del sueño que la torna palpable (casi). Citamos: “Los objetos en movimiento pendular/ objetivos se tocan unos a otros/ inmediatos/ urgentes/ un momento en el pequeño espacio” (p.11). Un/a Creatur excéntrico(a), de-generado(a) que reproduce su imagen, su atisbo apenas, inasible, su máscara de máscaras de máscaras que no muestra nada porque no hay nada que (de)mostrar, pero se hace presentir, persistente en su extranjería… “Quisiera escapar del edificio como de un cuerpo ahora” (p.11), resuena.
“Un crucigrama de estructura paradójica” dijo antes Arnaldo Donoso de la escritura de Gustavo Barrera, una estructura en movimiento agregamos: “los personajes no se desplazan hacia ningún sitio. Permanecen inmóviles y son los escenarios los que van hacia ellos” (p.26). Una estructura que no es sólo escritura; es también video-arte, instalaciones, manifestaciones públicas e intervenciones urbanas, performances, “cajas” o cualquier otro rótulo que sirva para el caso, algo así como un laberinto de apariencia limpia, que no cesa de alterar la percepción de los seres y las cosas, que no cesa de mover sus paredes, que no deja de cerrar pasillos y abrir callejones de un hospital, de un hombre, de una mujer...
Estructura de apariencia limpia dijimos, un molde que se multiplica en las copias (insiste en ello Barrera al final del “Catálogo” del libro), un molde que contiene otras estructuras/voces que son parte de ella y la contienen, porque una y otra estructura/voz parecen superponerse, cruzarse, desaparecer. Una estructura repleta de espejismos, transparente y sólida, intermitente, que adivinamos también espejismo/excedente, como el vacío que observa a la señorita Farsworth y la detesta.
Todo desaparece porque la cosa, nos recuerda Heidegger, confirmó su aniquilación mucho antes por el “saber vinculante” de la ciencia, que zumba acá en Creatur desde los trazos del arquitecto, los crucigramas, la recurrencia, los dibujos del computador, la higiene y la medicina global, etc. Aniquilación que (seguimos con Heidegger) hace imposible que la cosidad de la cosa acceda al lenguaje; signo y cosa no se corresponden, lo sabemos.
Creatur desnaturaliza “la realidad”, los espacios, la arquitectura de los recintos, de lo hombre, de lo mujer. Se aliena el ojo, el cuerpo escritura y nuestra experiencia de lectores traspasando el umbral que apaga la conciencia, el umbral aparentemente frío, pero que es orgánico y máquina “donde los muros palpitan” (p.25). Maqueta, simulacro que se ofrece “ominoso” en términos de Freud (y pensemos al paso en relación a lo ominoso en esa especie de títeres animados/as que son el Hombre y la Mujer –con mayúsculas- que aparecen desde la portada). Citamos Creatur:
Llegué al hospital como se llega de un edificio a otro sin notar que cuando traspasé la puerta, traspasaba también cierto límite viviente. Primero fue una voz que parecía presentar los hechos, luego muchas voces superpuestas.
Ahora, mientras avanzo, siento que una mano guía un pequeño cuerpo semejante al mío a través de un pequeño pasillo semejante a éste, guiado como en una maqueta, en un simulacro. Todo en miniatura. (Barrera, p.30)
Como ya observamos en otra parte a propósito del video “Anestesiada” de Barrera, siguiendo a Krysinski y a Eduardo Cadava ahora leyendo Creatur, el sujeto del discurso aparece como “traductor”, como “estructura disipadora”, contaminador, porque es su original y su copia donde el sentido fronterizo no es una línea demarcatoria excluyente, sino un entre lugar, porque Creatur es un entre lugar, algo así como un eco y escuchamos “angustia/Anguita, silencio/silicio, Andrea/androide” (p. 24). El caos de pequeños órdenes infinitos del que habla Glissant en su libro sobre Fulkner, la taxonomía imposible en “El idioma analítico de John Wilkins” de Borges que cita Foucault citado por Sergio Rojas (y hay aquí también recurrencia)… Porque cada texto es una taxonomía imposible parece enrostrarnos Creatur; parece, porque en su escritura, en este “plasma”, no hay certidumbre y leemos en la página 11: “todo parecía girar en una cabeza”.
 Bibliografía consultada:
 - Arcaya, Marcos. “Hacia una sobreinterpretación del sentido fronterizo del rostro en ´Vieja` de Gabriela Mistral y ´Anestesiada` de Gustavo Barrera. En Konvergencias Literatura, ISSN 1669-9092, año III, n°10, Buenos Aires, Argentina, mayo de 2009.
- Barrera, Gustavo. Creatur. Ril editores, Santiago de Chile, abril de 2009.
- Donoso, Arnaldo. “Entrevista a Gustavo Barrera” Versión en línea: <http://www.letras.s5.com/aed300706.htm>, consultada 12/04/09.
- Errázuriz, Pilar. “Lo de-generado y los obsceno (off-scene)”. En Cyber Humanitatis Nº 36 (Primavera 2005). Versión  en  línea: < http://www.cyberhumanitatis.uchile.cl/CDA/texto_simple2/>, consultada 12/10/07.
- Freud, Sigmund. “Lo ominoso”. En Obras completas, Cap. XVIII, De la historia de una neurosis infantil (el “Hombre de los lobos” y otras obras) 19717-1919. Amorrou Editores, Buenos Aires, 1992. pp.217-251.
- Heidegger, Martín. La pregunta por la cosa”.Ed. Alfa Argentina, Buenos Aires, 1975.
- Rojas, Sergio. Imaginar la materia: ensayos de filosofía y estética. Santiago de Chile, Editorial ARCIS, 2003.
***
Marcos Arcaya Pizarro. La Ligua, Chile, 1979.
http://www.cincochile.blogspot.com
martes, 28 de abril de 2009

Presentación de Forjadores de la ciencia en Chile: problemas y soluciones

El libro Forjadores de la ciencia en Chile: problemas y soluciones, de Claudio Gutiérrez, profesor del Departamento de Ciencias de la Computación de la U. de Chile; y Flavio Gutiérrez, profesor Titular (retirado) de la misma Universidad, fue presentado en el Auditorio del Departamento de Ciencias de la Computación, Universidad de Chile.

En la ocasión, comentaron la obra Igor Saavedra, Premio Nacional de Ciencias Exactas, y Patricio Aceituno, Vicedecano de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la U. de Chile.

 

Intervención de Flavio Gutiérrez, coautor del libro.

La presentación se inició con las palabras de Igor Saavedra, quien señaló a Forjadores de la ciencia en Chile como uno de los libros necesarios para poder desarrollar la historia del desarrollo intelectual de nuestro país. Al mismo tiempo, precisó que casi todas las personalidades incluidas en el libro son claros ejemplos de "oportunidades perdidas para el país", ya que sus aportes al conocimiento no siempre fueron valorados en Chile; de este modo, expresan la incapacidad de la sociedad chilena para asumir desafíos que impliquen avanzar más rápidamente en el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Finalizó su intervención afirmando que, debido a lo anterior, el hacer ciencia en Chile "implica una decisión política, un compromiso país" que pueda asegurar que el desarrollo de la ciencia no estará supeditada al signo político o ideológico de cada gobierno. Sin embargo, señaló Saavedra, eso es algo que prácticamente nadie ha hecho en este país.

Por su parte, Patricio Aceituno se refiero a los científicos cuya vida y obra se reseña en el libro, como una clara expresión de "héroes civiles olvidados", y destacó la inquietud intelectual, así como el denodado esfuerzo que demostraron para llevar adelante sus investigaciones, poniendo como el más claro ejemplo de ello a Ramón Picarte. Al mismo tiempo, indicó la necesidad de continuar investigaciones de este tipo ya que, incluso en la propia universidad, se desconocen los antecedentes y el desarrollo histórico de la investigación científica y técnica en Chile.

Por último, Flavio Gutiérrez expresó que esta investigación no era sino el resultado de una sociedad científica formada por la propia familia (el libro lo escribió junto a su hijo Claudio). Junto a él, Claudio Gutiérrez realizó un sentido homenaje a su padre, señalándolo como un investigador infatigable que, hasta el día de hoy, continúa desarrollando diversas reflexiones e investigaciones en las áreas de su interés. "Pero sin proyectos, sin financiamientos e, incluso, sin cátedra", precisó Claudio Gutiérrez, retornando así a uno de los temas recurrentes a lo largo de la presentación: las dificultades estructurales que existen en Chile para el desarrollo de la ciencia.

 

De izquierda a derecha: Claudio Gutiérrez, Flavio Gutiérrez, Igor Saavedra, Patricio Aceituno.

jueves, 26 de marzo de 2009

Encuentro internacional “Isidora Aguirre: Teatro, memoria e historia”

Desde el 24 al 27 de marzo, en el Salón de Honor de la Vicerrectoría de la Universidad de Santiago de Chile, ubicado en Av. Libertador Bernardo O'Higgins 3363, Metro Estación Central, se realizará este encuentro que congrega a una gran cantidad de estudiosos de la obra dramática de Isidora Aguirre, así como a actores, directores de teatro, los cuales participarán de mesas redondas, charlas magistrales y montajes de obras.

Este homenaje finalizará en el Teatro Nacional Chileno con el semi montaje de la obra "Manuel Rodríguez" y la presentación de “Los Libertadores, Bolívar y Miranda”, a cargo del grupo colombiano Teatro de la Memoria.

Una de las caracerísticas de la dramaturgia de Isidora Aguirre es su interés por revisitar la historia chilena y latinoamericana y, de hecho, fue ese el tema central de la conferencia magistral que inauguró este encuentro, “Dramaturgia de Isidora Aguirre: entre la historia y el compromiso”, realizada por la doctora Carmen Márquez, de la Universidad de Sevilla y de Las Palmas de Gran Canaria, España.

También se realizó una lectura poética de Lautaro, en la cual participaron Isidora Aguirre, José Quilapi, Hugo Regojo y Paula Montero.

Lautaro fue publicada por RIL editores el año 2005. Es una de las más conocidas obras históricas de Isidora Aguirre. Aquí es posible apreciar las tensiones que caracterizaron la vida de Lautaro, su relación con Pedro de Valdivia, sus contradicciones y convicciones, en definitiva: una mirada íntima a uno de los episodios más importantes de la Guerra de Arauco.

viernes, 27 de febrero de 2009

Poemas inéditos de Víctor Lobos

Presentamos a continuación algunos de poemas inéditos de Víctor Lobos, autor del libro El ojo y otros puntos de vista.

 

Cuervos  I 

Árbol de cuervos.
Hojas inmóviles en el viento.
Crujidos, graznidos negros
Perforando el silencio.

Tablones podridos
En el zaguán polvoriento.
Postigos cerrados.
Casa solitaria al borde del cementerio.

Niña mimada desnuda en la cama,
Apenas respira cubierta de velos.
Su mano húmeda
Explora sagrados misterios.

 

Cuervos  II

Inquietante pentagrama:
Sombras de cuervos
En las ramas desnudas
Esta madrugada.

La vieja casa
Que nunca cambia.

La cicatriz breve y profunda
Que se adentra
En los cerros sombríos.

La herida soñada
Que se abre paso en la carne
Hasta las mismísimas entrañas.

La niña pintarrajeada,
Absurdamente vestida
Con los encajes de su madre,
Que aguarda y aguarda.

 

Cuervos  III

Pico, cráneo, ojo azul de tan negro.
Labios, nuca desnuda, mirada fija
En el vacío narcótico
De tu sueño.

El plumaje ralo
Del macho más viejo.
La carne de gallina,
El espinazo doblado,
Los calambres como relámpagos
Que visitan tu cuerpo.

Afuera montan guardia los cuervos.
En la roja matriz de la casa
Un hombre y una niña
Cumplen oscuros rituales
Que ya nadie comprende.

El viejo cuervo en la copa del árbol
Gira la cabeza
Como una lechuza mecánica
Y te mira directo a los ojos.
Entonces despertamos:
Tú empapada
Por los cuatro costados;
Yo reseco
Como el esqueleto de un pirata
Colgando del palo mayor
Una tarde sin brisa
En la costa de Namibia.

                                
Cuervos  IV               

Cuervos místicos
En el árbol soñado.
Tiritas de papel
Veladas por la noche,
Estáticas pese a la brisa 
Como almas de ahorcados
Colgando de las ramas.
Plumas negras
Atiborradas
De garabatos negros.
Bosque de signos
Incomprensibles.
Súplicas
Para los anónimos kami
Frente a la casa.
El viento de los dioses
Las suspende
Eternamente,
Hasta que los muertos
Se despierten.

¿Qué vas a hacer,
Niña querida,
Cuando sus espíritus
Entren en los sombríos
Pájaros de origami?
¿Cuando los cuervos
Vuelen por fin
De madrugada,
Se posen
En tu cuerpo dormido,
Entierren sus garras
En tus carnes blancas
Y te graznen al oído
Con la voz
De tus antepasados?

 

Cuervos  V

Como extrañas aves migratorias
Congeladas para siempre
Sobre un mapa del delta del Nilo
Encerrado en un iceberg gigante.

Como una hermética colección de insectos
Repartidos casi al azar
Sobre la nervadura de una hoja
Atrapada en un trozo de ámbar.

Como una jauría de lobos
Agazapada en las ramas de un sueño,
Preparándose para saltar
Sobre el esquivo objeto de mi Deseo.

Como los rastros de tu sombra entre mis dedos,
Irreales y solitarios
Después de haber acariciado tu cabello.

Como oscuros centinelas
Vigilando las fronteras del Infierno.

Como en toda pesadilla,
Los discretos custodios de tu Secreto:
Los invariables cuervos.

jueves, 08 de enero de 2009

Presentación de Emelina, de Rubén Darío, en Valparaíso

En el contexto de una nueva versión de los Carnavales Culturales de Valparaíso se realizó, por dos días consecutivos, una novedosa dramatización de la novela Emelina, de Rubén Darío.
 
La actividad consistió en la instalación, en la Plaza Sotomayor, de una maqueta en gran formato de la novela Emelina, de Rubén Darío y Eduardo Poirier.

Debido a las dimensiones de este libro de gran formato, los visitantes pudieron recorrer sus páginas y, en ellas, conocer aspectos tanto de la literatura porteña, como de la trama de la novela o datos biográficos de sus autores. Junto con ello, los dos personajes centrales de la obra: Emelina y un valeroso bombero porteño de finales del siglo XIX, fueron representados por Dafne Julia Soto y Manuel Armijo, ambos vestidos a la usanza de la época. Además, se contó con el apoyo del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, el cual facilitó el uso de un antiguo carro bomba, así como de uniformes de inicios del siglo XX.

Víctor Rojas Farías, escritor porteño que impulsó el rescate de la obra de Rubén Darío y Eduardo Poirier.

El inicio de la representación: un bombero carga a Emelina, la protagonista de la novela.

Emelina, representada por Dafne Julia Soto y Manuel Armijo.

Paulina Urrutia, Ministra de Cultura, junto a Víctor Rojas Farías.

Julia Salinas, Dafne Julia Soto, Paulina Urrutia, Víctor Rojas Farías, Mario Armijo.

martes, 06 de enero de 2009

Mi hijo escucha canciones cubanas (texto de Ricardo Nanjarí)

Es tarde en la noche y la luna comienza a iluminar sobre las montañas. Una brisa suave mueve los árboles del jardín y un grillo escondido, canta. Todos duermen en el vecindario, excepto Marcelo. Su madre ya le dio la leche y lo mudó, pero él está inquieto y sin ganas de dormir. Lo paseo un momento y pongo algo de música para intentar adormecerlo. Ya está todo listo para hacer el viaje.“Travesía mágica” es un CD de...

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jueves, 11 de diciembre de 2008

Entrevista a Carlos Smith, autor de Pedagogía de lo humano

Nos encontramos con Carlos Smith, autor del libro Pedagogía de lo humano. La magia de la educación, libro que comenzó el año 1999 ante la iniciativa de crear un nuevo colegio, con una mirada innovadora, tanto en lo instructivo como en lo formativo, que diera respuesta real a las necesidades de los alumnos del siglo XXI. Carlos nos cuenta que se vio enfrentado a una primera gran pregunta: ¿Para qué iban a educar? Y concluyó que había que hacerlo...

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martes, 09 de diciembre de 2008

Presentación de Álvaro Fischer Abeliuk al libro El efecto de la ambigüedad en la transición chilena, de Jorge González

Muy buenas tardes. Quisiera, en primer término, excusar mi inasistencia a este lanzamiento, a pesar de la honrosa invitación, hecha con debida anticipación por el autor para comentar su libro, debido a que coincide con la graduación de 4º medio de mi hija mayor. Es mi falta no haber advertido a tiempo la interferencia de ambos eventos, pero una vez constatado el hecho, y enfrentado al dilema de respetar mi compromiso con el libro o destinar ese tiempo a mi evento...

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jueves, 27 de noviembre de 2008

Poemas de Elefante, de Teresa Calderón

         


             *           

            Un elefante
            lleva luto por sus parientes
            presenta reacciones dramáticas
            ante el cadáver de otro elefante.

            Respeta huesos y restos
            de otros ejemplares de su especie.

            Un elefante no necesita patio 29

            Cuando reconoce un cadáver de elefante.
            regresa sistemáticamente
            a investigar los huesos y colmillos
            regados por el camino.

            Un elefante siempre visita
            los huesos de sus parientes.


            *


            Un humano
            luce orgulloso su bestialidad
            Y vive 80 años.

            Vive 80 años
            pero maldice su transitoria inmortalidad:
            muy poco tiempo para aprender
            lo que le está permitido a un elefante.

            Luce orgulloso su bestialidad
            orondo en su libre albedrío
            y en pleno desuso de sus facultades mentales


            El año 1944 mi padre tenía 14 años.
            Miraba catálogos de las editoriales
            en el invierno de Los Ángeles.
            Creía saber dónde quedaba
            el cementerio de los elefantes.

            Y lo sabía.
            El cementerio de los elefantes
            quedaba en la Editorial Nascimento
            en Santiago de Chile.
            El panteonero era Arnaldo Cipolla.

            Mi padre vivía en Los Ángeles en 1944.
            Tenía 14 años
            cuando mandó a comprar
            El cementerio de elefantes.

           

            *


            Mi padre pensaba en los elefantes
            pensaba en el futuro.
            Papá elefante pensaba que siempre
            tendría 14 años
            y el tren continuaría
            trayendo sus encargos.

            Un elefante entra corriendo a una aldehuela de Kenya.
            Las calles son estrechas y las casas frágiles.
            Un cuerpo de elefante es torpe y es pesado.
            La carrera de elefante arrasa con las casas y las cosas.

            A eso el hombre lo llama barbarie, devastación,
            lo llama violencia, agresión de bestia, lo llama.
            No lo llama dolor de animal herido.
            No lo llama horror de animal desamparado.
            No lo llama animal perdido tras la manada.


            *


            Entonces el hombre grita
            constata lesiones
            en la comisaría más cercana a su domicilio,
            que ya no existe
            porque pasó un elefante desamparado.

            Entonces viajan enviados especiales
            la televisión se despliega
            en efectos especiales.
            Corresponsales del mundo
            en cadena internacional
            mostrarán la masacre,
            el exterminio, dicen.

            Nadie repara
            en un elefante solitario
            animal herido
            que tiene hambre
            y tiene sed
            y está perdido
            en la evolución.


            *


            Un elefante mira sus colmillos,
            le crecen como dientes de leche.
            Pero viene el hombre y se los roba
            para peones de ajedrez
            figuras de marfil
            piezas de dominó
            instrumentos musicales
            mangos de cuchillo
            aisladores eléctricos
            bolas de billar.
            En elefante blanco
            lo transforman.

            El resto
            se lo disputan
            los ilógicos zoológicos.


            *


            Un hombre
            Asesina elefantes
            sin medir consecuencias
            para el resto de la manada
            o desatar estallidos de dolor.


            *


            Eso no lo entiende el presidente Bush.
            Eso no lo entiende el papa Ratzinger.
            Eso no lo entendieron nunca
            los dictadores latinoamericanos.

                  
            *


            Los elefantes
            visitan a sus enfermos
            como manda el cristianismo,
            siente algo parecido a la compasión.
            Se ayudan se acompañan
            cuando están enfermos
            y se rinden homenaje
            cuando alguno fallece.


            *


            Una elefanta que agoniza
            es una elefanta protagonista.
            Entonces recibe asistencia
            de alguna hembra de otra familia,
            intenta ayudarla a incorporarse
            varias veces con sus colmillos.

            La elefanta muere
            y allí mismo
            recibió las condolencias de otras familias.
            Muestran dolor por el cadáver,
            lo huelen lo tocan
            con sus colmillos y patas.
            Es genuino interés por sus enfermos
            agonizantes o ya muertos,
            aun sin tener un vínculo directo.

            Aquí cabe entonces
            Seguir los consejos de Cortázar
            el elefante argentino:
            Conducta en los velorios.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Décimas de Eduardo Peralta para Un velero atrapado

En la presentación de la novela de Vittorio Cintolesi, Un velero atrapado, el conocido cantautor Eduardo Peralta entregó las siguientes décimas:
 

Hoy va a zarpar un velero
Que se proclama atrapado
Pero enfrenta el mar rizado
Con ímpetu aventurero.
Su capitán es pionero,
Compositor, novelista,
Arquitecto, autor, pianista,
Traductor de tanto idioma…
Como dirían en Roma,
Un genio renacentista.

Además de ser testigo
De estas décadas movidas,
Y un incomparable amigo.
Bueno y sano como el trigo,
Pero amante del jolgorio
Musical y el escritorio,
 dónde inventa cada historia,
Cuya palabra es victoria
Semántica: eso es Vittorio.

Hoy lanza ameno y gentil
Un libro que sigue fiel
A su Editorial: que es riel
Para los autores: RIL.
Con humor y oficio a mil
Nos va guiando inspirado,
Por el Chile del pasado
Mezclado con esta era:
¡Yo siento que nos libera
Este velero atrapado!

Gran cómplice musical
De mis lunes Brassensianos
Son mágicas sus dos manos
En su acordeón primordial.
Y su voz tan especial
Y su oficio meritorio
Que adaptó el verbo notorio
De Brassens por vez primera
¡En Chile…la Primavera
Te lo agradece Vittorio!


¡A zarpar, entonces! Vibre
El timón y el mástil sea
La brújula, el sol, la tea,
Y que de amarras nos libre
El viento…qué hondo calibre
Tenga el cañón que dispara
La imaginación tan clara
Hacia ese mundo ilusorio
Que en su velero Vittorio
¡Con gran talento atrapara!

lunes, 24 de noviembre de 2008

Diferentes libros para lectores diferentes

"Diferentes libros para lectores diferentes" es el lema de RIL editores y representa nuestra posición ante un fenómeno generalizado en el mundo y que impacta fuertemente la actividad editorial: la masificación.

Pero ello no basta, también es necesario que los autores y sus lectores tengan espacios propios, directos y dinámicos de encuentro. Esa es la razón fundamental de esta sección. En ella encontrarás información sobre los libros publicados por nuestros autores, así como anticipos de obras o textos inéditos.

Los invitamos, entonces, a reconocerse en este verdadero abrazo de palabras.