Hermes H. Benítez, autor del libro Einstein y la religión: relaciones entre ciencia y creencia, ha escrito el siguiente artículo.“¿Fue la declaración del Pontífice, del 31 de octubre de 1992, una disculpa formal de la Iglesia? En absoluto, dijo el cardenal, haciendo un movimiento con la mano, fue meramente un reconocimiento formal de error. Yo no entendí cuál era la diferencia entre ambas, pero continué. ¿Podría...
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viernes, 27 de febrero de 2009
Poemas inéditos de Víctor Lobos

Presentamos a continuación algunos de poemas inéditos de Víctor Lobos, autor del libro El ojo y otros puntos de vista.
Cuervos I
Árbol de cuervos.
Hojas inmóviles en el viento.
Crujidos, graznidos negros
Perforando el silencio.
Tablones podridos
En el zaguán polvoriento.
Postigos cerrados.
Casa solitaria al borde del cementerio.
Niña mimada desnuda en la cama,
Apenas respira cubierta de velos.
Su mano húmeda
Explora sagrados misterios.
Cuervos II
Inquietante pentagrama:
Sombras de cuervos
En las ramas desnudas
Esta madrugada.
La vieja casa
Que nunca cambia.
La cicatriz breve y profunda
Que se adentra
En los cerros sombríos.
La herida soñada
Que se abre paso en la carne
Hasta las mismísimas entrañas.
La niña pintarrajeada,
Absurdamente vestida
Con los encajes de su madre,
Que aguarda y aguarda.
Cuervos III
Pico, cráneo, ojo azul de tan negro.
Labios, nuca desnuda, mirada fija
En el vacío narcótico
De tu sueño.
El plumaje ralo
Del macho más viejo.
La carne de gallina,
El espinazo doblado,
Los calambres como relámpagos
Que visitan tu cuerpo.
Afuera montan guardia los cuervos.
En la roja matriz de la casa
Un hombre y una niña
Cumplen oscuros rituales
Que ya nadie comprende.
El viejo cuervo en la copa del árbol
Gira la cabeza
Como una lechuza mecánica
Y te mira directo a los ojos.
Entonces despertamos:
Tú empapada
Por los cuatro costados;
Yo reseco
Como el esqueleto de un pirata
Colgando del palo mayor
Una tarde sin brisa
En la costa de Namibia.
Cuervos IV
Cuervos místicos
En el árbol soñado.
Tiritas de papel
Veladas por la noche,
Estáticas pese a la brisa
Como almas de ahorcados
Colgando de las ramas.
Plumas negras
Atiborradas
De garabatos negros.
Bosque de signos
Incomprensibles.
Súplicas
Para los anónimos kami
Frente a la casa.
El viento de los dioses
Las suspende
Eternamente,
Hasta que los muertos
Se despierten.
¿Qué vas a hacer,
Niña querida,
Cuando sus espíritus
Entren en los sombríos
Pájaros de origami?
¿Cuando los cuervos
Vuelen por fin
De madrugada,
Se posen
En tu cuerpo dormido,
Entierren sus garras
En tus carnes blancas
Y te graznen al oído
Con la voz
De tus antepasados?
Cuervos V
Como extrañas aves migratorias
Congeladas para siempre
Sobre un mapa del delta del Nilo
Encerrado en un iceberg gigante.
Como una hermética colección de insectos
Repartidos casi al azar
Sobre la nervadura de una hoja
Atrapada en un trozo de ámbar.
Como una jauría de lobos
Agazapada en las ramas de un sueño,
Preparándose para saltar
Sobre el esquivo objeto de mi Deseo.
Como los rastros de tu sombra entre mis dedos,
Irreales y solitarios
Después de haber acariciado tu cabello.
Como oscuros centinelas
Vigilando las fronteras del Infierno.
Como en toda pesadilla,
Los discretos custodios de tu Secreto:
Los invariables cuervos.
