jueves, 26 de enero de 2012

Presentación de Luis Toledo al libro Educación, ciencias y artes en Chile, 1797-1843 de Claudio Gutiérrez

Previo a todo, me parece que debemos destacar la iniciativa de RIL Editores que hace posible hoy, la presentación de un estudio que versa sobre educación. La iniciativa, se engrandece mucho más, especialmente si consideramos que el tema que nos convoca esta tarde en la 30ª Feria Internacional del Libro 2012 (Viña del Mar) , adquiere una particular connotación, en las actuales circunstancias que vive el país.

Educación, ciencias y artes en Chile, 1797-1843, Revolución y contrarrevolución en las ideas y políticas del profesor Claudio Gutiérrez, nos brinda, sin lugar a dudas, una valiosa oportunidad para pensar la educación en el contexto de las múltiples y variadas relaciones que se tejen y se van tejiendo entre ella con los diversos componentes y fuerzas que dinamizan la particular sociedad en que se desarrolla.

No es habitual en el ámbito de la literatura, encontrarnos con un trabajo que perfile con tanta precisión lo que ocurre en una etapa determinada de nuestra historia sobre la educación, las ciencias y las artes y cómo se construyen los procesos sociales, a la luz de las ideas y políticas que se fraguan y se consolidan en el acontecer de la vida cotidiana.

Tal como manifiesta el autor en sus páginas iniciales, la investigación historiográfica de fuentes que posibiliten descubrir la realidad que nos interesa develar es escasa, limitando por cierto el natural acceso que deberíamos tener a un saber histórico que se construye a través de múltiples visiones de mundo.

Por el contrario, en la cultura que nos cobija, nos enfrentamos a diario con un alto riesgo de apoderarnos de conceptualizaciones erróneas o de adquirir una visión sesgada sobre la realidad de las ciencias y la educación. Todo lo cual tiende a expresarse en una ciudadanía con una fuerte tendencia a acomodarnos en silencio ante el discurso dominante.

No es precisamente esta actitud la que asume el autor del libro que nos convoca. Por el contrario, es meritorio y destacable la capacidad que nos muestra para proponer y defender una interpretación, que basada en la selección cuidadosa de antecedentes históricos, difiere de la versión oficial que ha construido, tradicionalmente, el grueso de la historiografía, sobre un mismo tema. Para ello, el profesor Gutiérrez se adentra en la compleja red de interacciones en que se mueven las ideas, la política, la educación, la ciencia, las artes, procurando en todo momento contextualizar y totalizar la información a fin de lograr la significación y pertinencia de ese saber. Así, el libro abre un abanico de posibilidades para poder entender, por qué las ideas que sustentan una concepción revolucionaria de la educación, en el sentido que el autor da al concepto revolución, ha sido siempre rechazada y derrotada por las clases sociales que ostentan el poder.

En esa perspectiva, el libro es una fuente de consulta y de reflexión permanente sobre el tema de la educación y sus relaciones mutuas, que debería ser de interés común para la ciudadanía y no convertirse en un saber especializado, como ha sido la tendencia, hasta nuestros días.

Debemos tener presente que somos parte de una cultura, que nos enseña desde la escuela básica «a aislar los objetos (de su entorno) a separar las disciplinas (más que a reconocer sus solidaridades), a desunir los problemas, más que a vincularlos e integrarlos. Nos induce a reducir lo complejo a lo simple, es decir, a separar lo que está unido, a descomponer y no a recomponer, a eliminar todo lo que le aporta desorden o contradicciones a nuestro entendimiento» (Edgar, Morín, 2008:15).

Y ello no debería sorprendernos, la historia nos evidencia que formar el hombre o mujer con conciencia crítica es riesgoso para mantener el statu quo. Las políticas educacionales modernas que promueven el análisis, la reflexión, aprender a aprender, aprender a investigar, a redescubrir las realidades, son hasta ahora sólo cantos de sirenas. Ninguna clase social que ostenta el poder y que quiera mantener la estabilidad de su régimen querrá poner en riesgo sus intereses de clase, creando una masa crítica.

En esa perspectiva, el autor lejos de compartimentalizar la realidad en estudio, sitúa los acontecimientos en su contexto y conduce una búsqueda permanente a fin de detectar la esencia de los problemas educacionales, incentivando al lector a diferenciar las ideas de acuerdo con el proyecto país que ellas visualizan.

En mi opinión, esto explica en gran medida la utilización del vocablo revolucionario adoptado por el autor para categorizar las ideas sustentadas por los padres de la patria Se trataba efectivamente de ir más allá de ampliar la cobertura educacional y de vincular la educación con el modo productivo. Las ideas revolucionarias postulaban, como el autor señala por «cambios dramáticos y de amplio alcance» al orden social establecido en los albores de la independencia.

La esencia de estos cambios y sus alcances, es asimilado por las fuerzas sociales e intelectuales contrarias a una visión de mundo que no se condice con sus intereses. La aristocracia (terrateniente y comercial), el clero, la clase política liberales y conservadores, si bien no rebaten las idea revolucionarias en una primera instancia, sí lo hacen en las décadas del 20 y el 30, teniendo muy claro el tipo de educación y sociedad que aspiraban a desarrollar. La disputa de dos visiones de país, queda de manifiesto en el capítulo 3, en que el autor ilustra detalladamente lo que él llama la contrarrevolución, entendiéndola como «una revolución que se opone a una anterior o revierte sus resultados».

Aquí el lector puede constatar cómo la clase dominante luego de derrotar las ideas revolucionarias estructura un modelo educacional orientado hacia la formación humanista que privilegiaba la educación de elites por sobre la del bajo pueblo, y la ciencia contemplativa y cultural por sobre la productiva ligada a las artes. Infiriéndose de ese modo, que lo que se decidía bajo tales circunstancias era un tipo de sociedad que lejos de resolver cuestiones esenciales de la educación para una mayoría ciudadana, y para el desarrollo país, ha logrado mantener sus mismas precariedades e insuficiencias que todos conocemos, hoy.

A mi parecer, este es uno de los aportes principales, entre muchos otros, que contiene el minucioso estudio del profesor Gutiérrez porque permite asumir además la naturaleza política e ideológica de la educación, sobre la base de antecedentes históricos que evidencia esa dimensión.

En nuestro país, tanto el término política como ideología ha sido tradicionalmente un tema tabú, que la cultura oficial tenazmente ocultó o ignoró, hasta que el movimiento social liderado por los estudiantes durante 2011, logró despertar en la conciencia ciudadana su derecho a hablar de educación en un sentido político e ideológico. En los momentos actuales y venideros, dependerá de cada uno y del colectivo luchar política e ideológicamente para que la historia definitivamente no se repita.

Tal como señalé anteriormente, el libro del profesor Gutiérrez, es una fuente privilegiada de consulta para los estudiosos y no estudiosos en educación. Necesitamos contar con este tipo de referentes para ayudarnos, individual y colectivamente, hacia la construcción de la sociedad y la educación que anhelamos, en la que podamos perfeccionar una democracia, no subordinada al consumo y a los intereses del gran capital.

Profesor Luis A. Toledo Mercegué, Doctor en Educación

Santiago, 23 de enero de 2012

lunes, 12 de diciembre de 2011

Firma de Libros: Roberto «Titae» Lindl

jueves, 03 de noviembre de 2011

Presentación del libro «Los Tres»

viernes, 28 de octubre de 2011

FILSA 2011: Presentación del libro «Cachipún. Adivinanzas, trabalenguas, rimas y juegos», de Verónica Herrera, con ilustraciones de Sol Díaz

FILSA 2011: Mesa redonda sobre Educación en Chile